Descripción
Antes incluso de la pandemia por COVID-19, muchos adolescentes ya parecían habitar un mundo fragmentado, incierto y acelerado. Una etapa que históricamente era de transición hoy se prolonga, se redefine y, en muchos casos, se vuelve un territorio sin mapas claros.
La salida de la adolescencia, que antes funcionaba como un horizonte relativamente previsible, se ha convertido en una nueva Ítaca: un destino deseado, pero cada vez más distante y complejo.
Las caracteropatías actuales desafían la clásica línea entre normalidad y patología, obligándonos a repensar los procesos de construcción de la identidad en un contexto donde los referentes tradicionales se diluyen, las categorías se transforman y la experiencia corporal convive —y a veces compite— con la virtualidad.
Trabajar con el adolescente contemporáneo implica aceptar la complejidad de esta época: comprender sus nuevas formas de vincularse, de narrarse y de habitar el mundo. Es un desafío clínico y educativo que nos exige revisar marcos teóricos y sostener preguntas abiertas.
Una invitación a pensar la adolescencia no como un problema a corregir, sino como un fenómeno a comprender en profundidad.













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